Internet desglobalizada para un público cautivo

Unos le llaman crisis sistémica, otros postmodernidad. Me gusta especialmente el término descomposiciónn histórica por cuanto subraya un aspecto esencial: la transiciónn no se está produciendo de forma escalonada y positiva. No hay recambio sino desmoronamiento, como ilustra dramáticamente una recesión económica que nos pilla especialmente cerca y de la que apenas nadie sabe nada. Simplemente el estado del bienestar se va a pique como se derrumbó la Unión Soviética, ejemplo canónico de todo lo que ha sucedido después.

Efecto de la globalización, que ha creado un nuevo escenario donde por ejemplo China sigue creciendo a un ritmo de un 10% y dejando a los privilegiados de turno (Europa occidental, entre otros) un trozo más pequeño del pastel. El capital se hizo transnacional y ha aprendido en estas últimas tres décadas nuevas estrategias (de la deslocalización a la presión financiera) con la que multiplicar las plusvalías. Basta ver cómo callan (o son acallados) los sindicatos y cómo los líderes políticos legislan al dictado del FMI para entender el cambio al que estamos asistiendo.

Internet representa lo mejor de la nueva sociedad globalizada, y no creo que sea secundario el dato biográfico que la hizo nacer como experimento militar reconvertido después en instrumento académico universitario. O sea: Internet no es un producto del capitalismo oligopólico ni de la burocracia política. Surgió, como fruto maduro de una tendencia histórica que supone el fin de las barreras nacionales.

Internet es global de serie, ajeno a discursos anteriores. Global nativo, adoptado globalmente de forma natural por todo el planeta. No hemos necesitado campañas ni cursos ni subvenciones para comprar billetes de avión, enviar correos, matricularnos en universidades virtuales, jugar online, descargarnos películas de la mula, leer las noticias o meternos en Facebook.

No ha sido necesaria evangelización alguna pero tampoco la nueva plataforma ha sido apadrinada por gobernantes y multinacionales, que simplemente (afortunadamente) llegaron tarde a la cita. Esto es la neutralidad de la red, una de las realidades más bellas en la historia de la humanidad y que funciona como carta de presentación en el siglo XXI. Múltiples nodos de una red descentralizada y distribuida, que acaba por primera vez con intermediarios y la unidireccionalidad. La mayor revolución, resuelta sin guerras. Pero con víctimas.

Así se sienten los dueños de la época anterior. Gobernantes y multinacionales, que sienten cómo se les escapa el control de la nueva criatura. Conocemos la reacción: ley Hadopi, ley Sinde y demás iniciativas legislativas para perseguir el intercambio de archivos, catalogado como delito contra la caduca propiedad intelectual. Y el capital, por su parte, clamando por una redefinición de la red.

Las operadoras llevan adelante una sistemática campaña preparando el terreno: no hay banda ancha para todos, mienten. Los médicos se quedarán sin Internet mientras los jugones se enchufen durante horas en sus casas sin pagar. La coyuntura: Internet móvil. Esta ha sido la circunstancia adoptada por operadoras y capital afán para declarar la guerra. El triunfo del iPhone ha funcionado como pistoletazo de salida: la experiencia de usuario, anzuelo para asumir una cultura cerrada y de pago hasta ahora ajena a Internet, que nació libre de todo. De sistema operativo, de aplicaciones, de lenguajes, de plataformas. Libre y abierta, fue capaz incluso de superar el ataque de Microsoft y su Internet Explorer entonces hegemónico con sus etiquetas propietarias.

Es cierto que tenemos Android y otras soluciones móviles teóricamente abiertas. Pero hoy día los terminales de gama alta (aptos para un uso intensivo de Internet) son más caros que la mayoría de ordenadores de sobremesa y muchos portátiles, argumento perfecto para que las operadoras los subvencionen. Y por supuesto los cierren para adaptarlos a su estrategia empresarial.

Regresamos pues a la lógica de la escasez. Pocas operadoras que definen y gestionan la Internet móvil. Pasamos de ser usuarios activos a pasivos, recuperando el escenario impuesto durante décadas por la televisión. Esto es lo que significa Facebook y las redes sociales. MySpace, Tuenti, Twitter: no hay posibilidad de personalización porque no podemos instalar nuestro propio Facebook en nuestro propio servidor como hacemos con los blogs.

De la creación y discusión distribuida que la blogosfera significa, a la participación centralizada, guiada y encerrada en los límites del software de moda. Uniformización, trivialización. Amigos o seguidores en vez de interlocutores, reacciones en vez de lecturas. Adiós a la lógica de la abundancia y la larga cola. Llega una nueva Internet, y no parece que por ahora ningún movimiento ciudadano pueda evitarlo.

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Por: Emili GenéCategoría: InternetTags: crisis, global, individualidad, libertadEmili Gené: Blogger desde 2006 y profesor de Secundaria desde 1975. Mientras, periodista (crítica de música y teatro) y sobre todo padre de familia numerosa. Creador del blog despuesdegoogle (actualmente ddg por exigencias del guión de Google), mantengo de forma intermitente otros blogs.Últimamente estoy más centrado en el desarrollo práctico de un sistema de enseñanza basado en la continuidad de aula e Internet para mis alumnos de 11-13 años. Puedes encontrarle en Facebook.

2 comentarios en «Internet desglobalizada para un público cautivo»

  1. ¿no hay salida? me resisto a aceptarlo, si las empresas (los poderes) siguen tratando de cortar nuestras alas, siempre hay gente creativa que abre alguna ventana. creo que será una lucha permanente por la libertad.

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