¿En tu muro o en el mío?

El uso generalizado de las redes sociales en la comunicación diaria ha generado cambios inevitables en nuestras formas de relación. Ahora la vida social tiene una proyección en la pantalla, los gadgets y la ‘nube’ en la que discurre buena parte de nuestra actividad social. ¿Pero dónde encontramos el decálogo de buenas prácticas o quién nos enseña a encajar en un tejido social jugoso, rico pero deslizante?

Para adaptarnos a un ámbito nuevo y cambiante, hacemos igual que en cualquier otro entorno: observar, y copiar. Puedes encontrar recomendaciones útiles para orientarte o puedes hacerte preguntas y contribuir al debate con tu reflexión personal y tu propio libro de estilo. Solo tú podrás definir cómo de cuidada, atrevida, espontánea, formal, profesional o abierta va a ser tu imagen social en la red.

¿Me agregas o te agrego? ¿Me aceptas?

¿Cómo definir reglas para decidir a quién vamos a aceptar como amigo en una red social? Si la naturaleza de la red es profesional o se vincula a un área concreta, es más sencillo. Las redes genéricas son más complejas y surgen los espacios resbaladizos… ¿Añado a un amigo que también es cliente? ¿Añado a un profesor? ¿Acepto la solicitud de un alumno? ¡¿Acepto a mi madre?! Yo creo que el éxito de las relaciones en las redes sociales no se diferencia mucho de las relaciones offline. Una de las claves es poner a cada persona en el lugar adecuado. Si tu perfil es genérico tendrás que ser extremadamente cuidadoso y controlar al máximo tu vida online. Si tu perfil está vinculado a tu vida personal, déjalo claro en tu presentación. Di que es un perfil personal y si ves la necesidad, crea otro para contactos menos íntimos. Usa los grupos para difundir mensajes diferenciados y usa también una explicación de contexto para añadir a alguien. No envíes un mensaje genérico, y si rechazas a un conocido, explícale si puedes cuáles son las reglas del juego que sigues. No te justifiques pero si eres amable te sentirás mejor.

Soy tu amigo. Qué me define

Podemos coleccionar contactos indiscriminados o podemos preferir relaciones bilaterales o de grupos pequeños. Las redes sociales no se diferencian mucho de lo que ocurre en nuestra vida fuera de ellas. Escoge. Y busca coherencia.

Yo no puedo tener a más de 100 amigos en Facebook porque no puedo relacionarme a mi gusto con todos ellos, así que mantengo ese límite.

Me gustan los diálogos, así que no suelo a mantener mucho tiempo a quien no participa. Quien entra a ver pero no comparte, no me interesa, y lo borro.

Los usuarios ahorradores: un mismo mensaje a todas las plataformas

Son los más espabilados y nos dan mil vueltas. Con sus herramientas para centralizar los post, actualizaciones y comentarios, los amigos ahorradores pueden publicar la misma frase o ‘estado’ a la vez en Facebook, Twitter y demás herramientas de la vida social online. Para algunas ocasiones no está mal, pero si se hace de forma indiscriminada aburre, transmite distancia e incluso confunde (cuando ves un ‘hashtag’ en un mensaje de Facebook ya sabes que el amigo está optando por matar dos pájaros de un tiro).

Yo creo que la vida social online es un componente liviano de la actividad del día. No cuesta mucho publicar una actualización, si puedes. Y, por lo tanto, mejor ocuparse individualmente de ello. Incluso si quieres dar difusión a un artículo, una entrada de tu blog o un post interesante. No lleva tanto tiempo y merece la pena contextualizar cada mensaje.

El amigo que te compromete

Siempre hay un amigo que publica en tu estado un comentario que distorsiona el clima que has logrado crear. Una frase fuera de contexto… un tono más informal que el del resto o alguna afirmación indiscreta que tira por tierra tus esfuerzos por ser aséptico e impecable. A estos amigos se les quiere pero dan mucho trabajo. Igual que los amigos que te etiquetan en fotos para avisarte de que la veas. Creo que es un mal uso de las etiquetas. Etiquetarte en las fotos de una juerga, o en medio de un campeonato de petanca puede que no encaje muy bien con el cuidado que estás teniendo con tu perfil. Creo que eliminar la etiqueta, tratar de avisar a tus contactos de que no lo hagan y estar pendiente es la mejor manera de evitar estas situaciones. Es complicado. Yo he estado muchos meses etiquetada en la foto de una langosta. Y supongo que podría haber sido peor. Como en todo lo demás, cuanto más indiscriminado es tu perfil, cuanto mayor es el grupo de amigos y menos control tienes en catalogar y clasificar por grupos, más expuesto estarás a encontrarte con estas situaciones.

Los amigos de mis amigos ¿son mis amigos?

Muchas personas tienen un perfecto control del uso de estas herramientas pero olvidan un foco por el que a menudo se ‘cuelan’ cosas. El primer nivel de control sería escoger la privacidad deseada en la red social. Puedes escoger específicamente que los amigos de tus amigos no puedan ver ni tus fotos ni tu muro. Pero a pesar de ello, recuerda que los amigos de tus amigos pueden ver tus comentarios en su estado. Ten cuidado allí y evita situaciones comprometidas. Ante la duda… usa un mensaje privado.

Tus mejores momentos

¿Qué publicar en nuestro estado? O, mejor dicho, qué no publicar… Aquí la lista puede ser interminable. Publica solo aquello que dirías en voz alta delante de un grupo diverso de gente. Mantén coherencia con el grado de intimidad que quieres mantener. Reflexiona un minuto antes de actuar: decide si vas a dar detalles de tu vida personal, hasta qué punto. Hay quien opta por no publicar fotos de su familia o hijos. Hay quien jamás menciona su situación sentimental o hay quien nos informa hasta de sus detalles más íntimos… Sobre todo, decídelo. Que no sea un acto inconsciente. La mayor parte del control de estas herramientas pasa por tomar conciencia de lo que hacemos y lo que implica. No supone tener miedo. Solo pensar las cosas y actuar en consecuencia.

Y esto es solo el principio. No creo que merezca la pena, a estas alturas, cuestionar si tener vida en las redes sociales es algo bueno o malo. Es una opción, y queda mucho por decir, pero aceptar que existen reglas de comportamiento dentro de estos canales nos ayudará a no meter la pata y cuidar nuestra proyección digital. Porque ahora, sin duda, nuestro ‘yo’ se extiende sin más fronteras que la de aceptar una invitación con un ‘clic’.

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