En Productividad Personal la herramienta va después

Con mucha frecuencia me plantean lo siguiente: “Berto, necesito mejorar mi Productividad. ¿Qué aplicación me recomiendas para gestionar mis tareas?”. Yo rara vez les contesto o si lo hago es de una forma vaga e imprecisa.

Es una pregunta que si sabes de qué va esto no tiene respuesta. O al menos una fácil respuesta. Porque es como si alguien te pregunta “¿qué coche me debería comprar?”. Tampoco tiene respuesta, ¿verdad? Pero realmente la pregunta va más allá. Porque cómo te voy a recomendar un coche si ¡ni siquiera tienes carné de conducir!

Muchas personas creen que una aplicación puntera, vistosa y de moda puede rescatarles de su estado de insatisfacción productiva. Que una aplicación de tareas en su móvil va disparar, de un día para otro, su rendimiento laboral y su gestión personal. Creer eso es un error. Porque en Productividad Personal la herramienta es de las últimas cosas en las que hay que fijarse. Lo primero e infítamente más importante, son los hábitos.

“Es que me he instalado la aplicación XXX pero no veo resultados”. Naturalmente. ¿Qué esperabas? Los resultados en Productividad Personal exigen tiempo, disciplina y paciencia. No hay aplicación ni método ni listillo ni varita mágica que cambie años y años de malos hábitos y rutinas improductivas. Eso, por fuerza, exige tiempo además de otras cosas.

Ser capaz de aprovechar activamente el tiempo, concentrarte bien y aislar las distracciones, hacer de forma extraordinaria las tareas más importantes o eliminar la frecuente procrastinación, tiene poco o nada que ver con tal o cual aplicación o utilidad. Los hábitos son la columna vertebral de tu Productividad Personal.

Así que antes de poner tus esperanzas (productivas) en tal o cual método milagroso, en tal o cual aplicación que te ha recomendado un amigo, en tal o cual herramienta que has visto en un blog, pregúntate si estás dispuesto a cambiar de hábitos. Ésa es la “herramienta” que tienes que “utilizar” en primer lugar. Es la más importante, la más poderosa, la más duradera. No depende de un sistema operativo, no es ni analógica ni digital, no se instala ni se borra ni se sincroniza. Siempre va contigo y te ayuda a crecer y mejorar personal y profesionalmente. Son los hábitos.

Empezar a cambiar tus hábitos personales es como empezar la partida desde la casilla cero. Es más costoso, exige (mucho) esfuerzo pero los resultados son maravillosamente espectaculares. Porque esos cambios duran para siempre y pueden llegar a reinventarte en rincones que ni te imaginas. Para conseguirlo, tendrás que recorrer estas tres ineludibles etapas:

  1. Detectar. Para curar algo primero hay que saber dónde duele. El primer paso es detectar los malos hábitos que causantes de la bancarrota productiva. Los sospechosos habituales son: procrastinación, desmotivación, desorganización, mala priorización, desconcentración o falta de disciplina, entre otros muchos. ¿Cuáles son los tuyos?
  2. Desarrollo. Un mal hábito se quita desarrollando un buen hábito. Poco a poco, de uno en uno, a la vez que desarrollas beneficiosos hábitos de organización y gestión, irás extirpando esos “tumores” que hasta hoy te impedían dar lo mejor de ti. Ante tu sorpresa, irás viendo resultados con menos esfuerzo, encontrarás tiempo para otras cosas, habrá menos agobios y estrés, notarás más capacidad y fuerza creativa…
  3. Reforzar. Tras el desarrollo de los grandes hábitos productivos descubrirás ciertas herramientas (algunas muy básicas y rudimentarias, otras más tecnológicas y avanzadas) que te ayudarán todavía más. Siempre serán un complemento, una ayuda, un refuerzo. Nunca un sustituto y desde luego nunca el primer paso.

La mala noticia es: no hay herramienta ni aplicación milagrosa. La buena noticia es: cualquiera puede cambiar… pero no todo el mundo lo consigue. Si quieres sacar el “carné de conducir” en Productividad Personal ya somos unos cuantos los que estamos aprendiendo.

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