El relaciones públicas, ¿te suena?

Aun recuerdo cuando trabajaba en Puerto Marina (Benalmádena Costa) de relaciones públicas en una discoteca. Mi puesto me permitía entablar conversación con la gente que pasaba por la puerta del local, pasearme por los hoteles intentando “reclutar” grupos de veraneantes, recorrer la discoteca saludando a diestro y siniestro, repartiendo “buen rollismo” por doquier.


Una notita antes de continuar: Se que los amigos que tienen los estudios de Relaciones Públicas me dirán que eso no es ser relaciones públicas. Bien, estamos de acuerdo, pero así nos llamaban y así les siguen llamando, así que esa discusión dejenme que la tengamos otro dia. Gracias.

El grupo de relaciones públicas de la discoteca en la que trabajaba en Puerto Marína recorríamos los hoteles de la costa, durante las tardes de la temporada, avisados por los recepcionistas más jóvenes (los mismos que por la noche se venían a tomar una copita, de gratis, claro está) y ellos nos ayudaban a identificar a los “cabecillas” de los grupos, normalmente ruidosos y dicharacheros extranjeros o españoles, estudiantes de COU en viaje de fin de curso (entonces aún existía el COU) y le hacíamos una oferta que no podían rechazar (en circunstancias normales consistía en “untar” a los cabecillas con copas gratis si llevaban a toda la patulea).

Tras una cena que solía dar comienzo sobre las 20:00 reuníamos a todo el personal y avisábamos del tipo de clientes que íbamos a recibir esa noche, identificábamos los objetivos potenciales y repartíamos guapos y guapas camareros por las barras de la manera más simple: guapos y feas, feos y guapas. Así las camareras guapas atraían a clientes masculinos a las barras, barras donde el alcohol corría por doquier hábilmente suministrado por las guapas meseras y fantásticamente secundados por los trabajadores menos agraciados. Los guapos camareros, a su vez, atraían féminas clientes, magistralmente secundadas por las camareras mas feas que no veían a las chicas tras la barra a unas rivales, sino mas bien un objetivo fácil a la crítica; las clientas, a su vez, atraían a los parroquianos a las otras barras. Simple, ¿verdad? Pues aun hoy se hace y funciona ;)

Tras el consecuente reparto, relaciones públicas nos íbamos a las calles y pantalanes de Puerto Marina, en busca de los grupos de gente guapa, agrupaciones de amigos que, indefectiblemente, tenían algo en común: eran jóvenes y atractivos. Esos eran los primeros clientes, a ellos eran los que había que captar primero, mientras comían por los restaurantes, nuestro trabajo era invitarles a venir a la discoteca. Y andar rápidos para que otros relaciones públicas no les hicieran llegar sus cantos de sirena. Calculábamos la hora de finalización de la comida (o nos “hacíamos amigos” de los camareros -previo y obviamente, consecuente unto- para que nos avisaran cuando se les sirvieran los postres) momento en el que nos plantábamos allí para invitarles a la primera (solía ser un chupito, tampoco crean que se invertía  mucho más dinero) en el propio restaurante y después acompañarlos a nuestro establecimiento.

Cuando empezaban a llegar los grupos concertados, la noche se iba animando y el trabajo pasaba a ser mantener a los clientes contentos, felices y, obviamente, bañados en el alcohol que corría en forma de chupitos de mezclas extrañas con colores llamativos, a la vez que nos hacíamos “amigos de ellos” y hablábamos, de manera desenfadada y sin entrar en profundidad en ningún tema, obviando temas de política, religión y regionalidades, como no…

Paseábamos por la sala con una sonrisa, intentando mantener a los clientes que más invertían y a los que más cordialidad irradiaban, a los más guapos y a las más guapas. Mientras, se atendía al teléfono (número que, por cierto, tuve que tirar cuando terminé mi época en las noches de Benalmádena Costa) negociando, con uno y con otro, dando tarjetas de descuento para los nuevos clientes y para los antiguos que hablaban de nuestra discoteca, íbamos mediando en los problemas que siempre se dan cuando el alcohol está por medio o cuando está pululando el típico cliente conflictivo (cliente que existe en todos los bares, en todas las discotecas y que, a pesar de echar pestes del alcohol, de la música o del personal, ahí sigue, y vuelve cada fin de semana, para desgracia de propios, extraños, propietarios y trabajadores)

Y esa era mi vida como relaciones públicas…

Ahora, cambia los siguientes perfiles:

  1. A la discoteca, por una marca o empresa cualquiera
  2. a los clientes, por los internautas,
  3. los hoteles y restaurantes por las redes sociales (Tuenti, Facebook, twitter,…),
  4. los recepcionistas que avisan, llámalos early adopters,
  5. los camareros de los restaurantes y los recepcionistas de hoteles por los administradores de determinadas páginas o perfiles,
  6. a los cabecillas de los grupos de turistas por esos usuarios A-list que todos conocemos,
  7. a los grupos de turistas conviértelos en aquellos seguidores o fans de una determinada marca o persona
  8. el número de teléfono del relaciones públicas a los perfiles de la marca,
  9. a los problemas frutos del alcohol cámbiale el nombre y llámalos posts incendiarios en blogs, redes sectoriales o comentarios en estas redes,
  10. al cliente conflictivo por un troll
  11. y por último a los relaciones públicas y llámalos Community Manager

Y aun pensaremos que hemos inventado la pólvora.

S: para los que piensen que esto es un ataque gratuito al perfil de Community Manager, por favor, lean estos posts: Van un CM, un SEO y un SEM a una discoteca (de Iñaki Huerta) y Como explicarle a tus amigos que es el SEO (en mi propio blog), 10 técnicas de marketing que aprendí de las strippers (de Emiliano Fernández)

Imagen: DoktorSpinn

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