Desconectar más para conectar mejor

No habíamos terminado de navegar por los balances de 2010 y las previsiones para 2011 cuando la gigantesca ola de Quora nos arrastró de nuevo hacia las playas de la incertidumbre: ¿cómo vamos a gestionar nuestro tiempo ante la marea creciente de medios sociales?

Los superusarios de la red estamos llegando a un umbral de saturación que no sólo afecta a nuestro sueño, sino que amenaza nuestra capacidad para gestionar eficazmente tanta información, relaciones, aplicaciones, dispositivos y redes.

Por razones obvias, no disponemos de la perspectiva suficiente como para dilucidar si estamos evolucionando cognitivamente debido a internet, pero resulta previsible establecer que los nuevos modos de producción, difusión y consumo de información y conocimiento acabarán transformando nuestra cultura (porque así viene ocurriendo con todos los nuevos medios desde la imprenta hasta nuestros días).

Mientras nos aclaramos acerca de en qué dirección se produden esas mutaciones culturales, sabiendo que son más o menos inevitables, tal vez haya llegado la hora de plantearnos, como lo hace Rosaura Ochoa, un poco de desconexión como tendencia para este 2011.

También Juan José García-Noblejas ha destacado la capacidad de desconexión para “que la comunicación no sea histérica, ni repentina, ni de instintos”, al tiempo que promueve lo que viene llamando desde hace tiempo slow communication.

No se trata de volver a la polémica ludita y tecno-conductista de si la red nos está volviendo estúpidos, sino de reconocer que al acelerar y multiplicar todos los procesos vinculados a la información, tiene un impacto sobre nuestro cerebro.

El tiempo vital diario de los usuarios de la red es el único recurso que no escala en la nueva economía de la información. Aunque las máquinas sean cada vez más veloces y haya cada vez más información disponible, nuestros días siguen teniendo 24 horas.

Para optimizar el tiempo que dedicamos a consumir y a generar información, haciéndolo más fecundo y más profundo, tenemos que comenzar a desconectar un poco más. Para poder conectar un poco mejor.

4 comentarios en «Desconectar más para conectar mejor»

  1. Muchas gracias por la referencia, José Luis. A ver si en febrero -que estaré por ahí- volvemos a hacer al menos un slow lunch, en torno a tu -nuestro- apreciado Sashimi. Recuerdos, JJ

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  2. José Luis, reecordarás que por el mes de noviembre la salud me jugó una mala pasada y estuve ingresado en un clínica porque de no haber ido al médico, un infarto o el colapso de mis riñones estaban latentes.
    Reflexioné y me dí cuenta de que estaba enloqueciendo: Facebook, blog, Twitter, mi trabajo en el mundo digital, consultorías, proyectos WEB en otros países…
    Dos días antes de mi ingreso, almorcé con un gran amigo y me di cuenta que me molestaba su permanente chequeo del iPhone para ver Twitter, parecía que para él eso era más interesante que hablar.
    Al salir dije basta: cerré mi Twitter (con los 500 followers que había conseguido), dejé de aparecer por FB por casi dos meses. Dejé mi blog.
    Miré a mis hijos, dediqué mis vacaciones a ellos, a disfrutarlos. Y ahora, aunque paso mucho tiempo, me resisto a ciertas cosas. Pruebo Quora, sí, pero no pienso subirme más y más.
    Aprender, conocer, pero me pregunto: qué hacen los que meten 200 tweets por día? Trabajan? Hacen algo? Es necesario poner que estoy en Gran Vía?
    Estamos hiperconectados, sin embargo tú y yo nunca hemos tomado un café y trabajamos en la misma industria, compartimos amigos como Giner o Soria. No sé, hay cierta cosa que chirría, no?

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